2017 - May - 23
Anclado en el malbec

Aurelio Montes: "El vino argentino se quedó anclado en el malbec". El empresario que fue uno de los artífices del éxito de la industria bodeguera chilena advierte de la necesidad de que el sector local diversifique sus apuestas exportadoras.

(LaNacion.com) Aurelio Montes es un nombre fundamental a la hora de explicar el éxito del vino chileno en el mundo. Con más de un punto de contacto con la historia del argentino Nicolás Catena, el dueño de Viña Montes jugó un papel clave para convertir a la industria bodeguera de su país en uno de los grandes jugadores en el mercado mundial del vino.
 
En 1987, Montes fundó junto con Douglas Murray Viña Montes. Hoy la bodega está presente en más de cien países, con exportaciones que superan las 700.000 cajas, a un precio promedio de 60 dólares.
 
Desde hace casi veinte años también llegó a Mendoza. En 2001 puso un pie en el país, comprando uva, y cuatro años después concretó la adquisición de las primeras 70 hectáreas, con el proyecto Kaikén. Y en su calidad de empresario con inversiones en la Argentina alerta sobre los riesgos que enfrenta la industria local si continúa apostando prácticamente todas las fichas exportadoras al malbec.
 
"La Argentina no ha ganado diversidad. Se ha quedado anclada en el malbec. En parte porque el mercado así lo ha querido. Pero el país debe hacer un esfuerzo por potenciar las otras alternativas porque es muy difícil anclarse en una variedad. ¿Si a la Argentina le pasa como a Australia, con la moda del syrah?", se pregunta el empresario chileno.
 
¿Cómo se explica el desarrollo que tuvo Viña Montes en el exterior?
 
-Viña Montes está exportando 700.000 cajas a un precio promedio de 60 dólares. De ese total, entre 42 y 43 millones de dólares corresponden a Chile, mientras que en la Argentina este año ya llegamos a las 200.000 cajas con un precio promedio un poco más bajo de 46,50 dólares. Los ingresos del grupo están en el orden de los US$ 55 millones, con una estructura bastante austera. Yo diría que somos pocos, y si bien soy el presidente de grupo, ando de botas todo el día en el campo. La verdad es que tenemos costos muy acotados, por lo tanto tenemos buen margen de ganancia y estamos con la más alta ponderación bancaria en Chile. Así que estamos muy contentos y viendo qué más podemos hacer, con la mesura de no sobreexcitarse. El caso más evidente de una sobreexcitación es el de Robert Mondavi, en California, al que le fue muy bien. Pero fue tanto lo que sobreactuó que terminó colapsando a su grupo y, desde luego, ese es un ejemplo que no hay que seguir. Hay que ir paso a paso, dando pasos cortos, pero seguros.
 
Dentro de tus competidores y referentes del mundo del vino, ¿cuáles son los que miran con más respeto?
 
-Internacionalmente, yo diría que California. El Viejo Mundo tiene la trayectoria del Viejo Mundo. Difícil pelear contra el vino francés, italiano o español. O el alemán, que es muy específico. Pero del Nuevo Mundo, yo al que más respeto le tengo es a Napa, California. En Napa están las grandes viñas que cobran precios desmesurados, pero con denominación de origen California. Entonces es posible encontrar vinos de 12 o 13 dólares con la denominación California. El nombre es muy potente. Pero hay gente que prefiere comprar un vino chileno por 10 dólares, o tal vez un argentino por 9. Y ahí viene algo que yo hago notar mucho, pero que ustedes, los argentinos, tal vez no le prestan tanta atención: la imagen país. Yo estoy tratando desde mi sitio de empujar mucho la imagen del país, y por eso tengo reuniones con el Ministerio de Agricultura y con otras entidades para reforzar eso. Nosotros tenemos una gastronomía débil; aunque nos ha ido bien en la Copa América, no tenemos el background deportivo de ustedes en el fútbol, el polo o el rugby. Ustedes tienen una potencia que no se imaginan. Si de repente tú vienes acá y ves un chaleco muy lindo hecho en Zambia, y al lado ves otro hecho en Escocia, seguro dirás que es mucho mejor el hecho en Escocia. Ahí está la imagen que se han formado los países respecto de su gente y su cultura.
 
Usted suele hacer metáforas con el mundo del surf. ¿Cómo se ven hoy? ¿Están surfeando la ola?
 
-Yo soy navegante. Esto te parecerá muy cassetteado, pero yo miro mucho el surf. Y creo que no hay nada más gratificante para un surfista cuando está sentado en su tabla y ve acercarse una ola gigante. El tipo la disfruta esos tres minutos hasta llegar a la arena. Siempre describo que ha sido así el ejemplo de Viña Montes. Creo que nosotros, junto con Miguel Torres, previmos un cambio de época en Chile. Y esa ola no la vio nadie. La vimos nosotros y probablemente uno o dos más. Nosotros pasamos una ola que se nos hizo bastante fácil; vimos que dábamos brincos de venta, prestigio, y yo me sentía en la tabla, con el viento en la cara, hasta que llegamos a la arena. Y ahora la competencia se nos puso dura, se nos aplanó el crecimiento y empieza una etapa ahora de innovación, de ser pioneros.
 
 
¿Y le gustaría avanzar con adquisiciones en el mercado argentino?
 
Estuvimos viendo algunas bodegas que podrían estar débiles, como para buscar una alianza o una compra, según nuestra fuerza. Nosotros sabemos que somos una empresa mediana, no somos una pyme, pero tampoco somos Trapiche ni Catena.
 
¿Catena podría ser considerado un socio natural?
 
Creo que no. Catena es muy fuerte en la Argentina. Y nosotros somos muy fuertes en Chile también. Yo creo que una sinergia con Catena no cerraría. Estamos atacando el mismo nicho.
 
Las historias son muy similares...
 
Con Nicolás Catena nos divertimos mucho, pero creo que somos demasiado pares. Para hacer alianzas, yo creo que te vas con alguien mucho más grande que tú o con uno mucho más débil. Si no después comienzan las rencillas.
 
¿La competitividad sigue siendo un tema pendiente de la industria argentina?
 
Desde que volvió la democracia, Chile ha tenido gobiernos muy visionarios con una línea que no ha llevado a golpe de timón que rompan el equilibrio. Han dado movimientos suaves en ese sentido. Y han sido buenos los acuerdos comerciales. Nosotros hemos tenido una ventaja comparativa con la Argentina, pero no va a durar mucho más, porque seguramente la Argentina se ponga a tono con la competitividad. Ciertamente, Chile tiene hoy condiciones más favorables. Pero esto es lo bonito de la Argentina: las condiciones no están, pero uno mira para arriba y siempre hay un valle verde.
 
¿Coincide con la idea de potenciar el desarrollo del malbec?
 
Siempre digo que la Argentina no ha ganado diversidad. Se ha quedado anclada en el malbec. En parte porque el mercado así lo ha querido. Pero la Argentina debe hacer un esfuerzo por potenciar las otras alternativas porque es muy difícil anclarse en una variedad. ¿Si a la Argentina le pasa como a Australia, con la moda del syrah? Y lo otro son los mercados. La Argentina se ha enfocado en dos o tres mercados grandes: Estados Unidos, Inglaterra y algún otro más. Ha dejado de lado los países emergentes, por ejemplo, Asia. Eso sí, no es fácil, porque es otra cultura distinta, pero el día que la Argentina se ponga las pilas bien y vaya de verdad a conquistar esos mercados, ahí vendrá una ola grande. Y yo la quiero surfear con la Argentina.
 
¿Cómo ve al país? ¿Percibe un mejor clima de negocios tras el cambio de gobierno?
 
Sí. Antes era una pesadilla importar materias primas. Lo que vemos ahora es un camino pavimentado, un camino plano, con futuro, que se ensancha; vemos una voluntad del Gobierno y un talento en los funcionarios que son talentos pragmáticos más que políticos, y eso nos tiene muy entusiasmados. Después de todo lo que hemos pasado, sentimos que se viene "el veranito de San Juan". Llega el verano en el que creo que podemos flotar mejor, invertir más en las ideas que tenemos para seguir en este gran país. Yo tengo un aprecio y una admiración por la Argentina muy grande. Ahora veo un grupo talentoso en sus maneras, no en lo político. Son tipos que saben de economía, de minería... Ahora veo un gran futuro, pero mi temor es que esto no perdure. En Chile pasamos por varios años dolorosos, con desempleo, aumento de costos. Pero luego vino la luz.
 
 
 
 
 
 
 
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